Territorio y paisaje

El territorio es una realidad dinámica, un sistema complejo. No es sólo una realidad física (eso que genéricamente conocemos como medio ambiente), es también, casi diríamos que principalmente, una realidad humana: es la sociedad que lo habita y le da forma, las relaciones económicas que lo aprovechan y establecen las condiciones de su transformación. No es casual haberlo definido como un sistema complejo, en el sentido que a este concepto le da la Teoría de Sistemas. El territorio se compone de elementos interrelacionados de forma no causal y no lineal, con vínculos que generan retroalimentaciones y efectos acumulativos.

La acción humana lo va transformando a lo largo del tiempo, de la historia, configurando esa realidad que hemos formalizado en el concepto “paisaje”, un concepto poco intuitivo tal y como se define en la Carta Europea, y que de hecho afecta a todo “espacio construido a lo largo del tiempo”. Europa es un continente de paisajes, toda España es un paisaje. Y es así porque el espacio está fuertemente antropizado desde hace milenios. Raro es el lugar que no cuenta con restos de antiguos asentamientos, que nos recuerdan la antigüedad de nuestro poblamiento. 

El paisaje es cualquier parte del territorio tal como lo percibe la población; el Convenio Europeo del Paisaje afirma que su carácter es el resultado de la acción e interacción de elementos naturales y humanos a lo largo del tiempo. Esto debería hacernos reflexionar sobre dos cosas:

  • la evidencia de que nos movemos sobre el espacio construido por muchos otros que ya han estado aquí antes, han tomado decisiones y han transformado el medio. ¿Somos conscientes de que no tenemos ni conocemos espacios realmente naturales?
  • la evidencia de que todos construimos paisaje en tanto que tomamos decisiones que tienen influencia en la forma en la que se usa (y se usará) el territorio ¿somos realmente conscientes de esto?

Esta última reflexión es importante, porque ahora sí podemos ser conscientes, como ciudadanos, de nuestra importancia. Es evidente que la sociedad global que hemos construido tiende a convertirnos en consumidores acríticos, pero también es cierto que hay una creciente conciencia de la necesidad de la participación, hay un creciente deseo ciudadano, y eso exige conocimiento.

Sin embargo, la participación genera conflictos. Los poderes establecidos se encuentran con un ojo crítico no controlable, las tecnoestructuras se enfrentan a esquemas organizativos sutiles y flexibles, muchos intereses particulares quedarán en evidencia (o incluso desmontados). Pero no es incompatible establecer marcos técnico-científicos que definan lo posible y lo deseable para fortalecer las decisiones colectivas. Es la ciencia la que está denunciando la degradación de nuestro planeta, y es la que puede establecer criterios de compatibilización para una vida de calidad en un contexto de sostenibilidad. La conciencia ciudadana, en este caso, es además imprescindible para que se obtengan compromisos políticos.

Existen opciones para hacer compatibles los procesos de participación con soluciones técnicas adecuadas, y es posible desarrollar una actividad empresarial consciente de su papel en el entorno. Si estas interesado, podemos ayudarte.

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