Un medio rural vivo

DSC_0236La población rural en España mantiene una tendencia crónica de reducción. No es un fenómeno nuevo, ni es exclusivo de este país, pero ya hemos superado las fronteras de lo preocupante, al igual que con otros problemas ambientales. ¿Por qué las zonas rurales se siguen despoblando?
En principio, vivir en el medio rural tiene algunas ventajas claras, pero lo cierto es que significa renunciar a muchos servicios que se suministran en las ciudades y espacios metropolitanos, por lo que parece lógico que la población siga prefiriendo vivir en ciudades. Muchos son servicios de aglomeración, ofrecidos por empresas porque la cantidad de personas residiendo en espacios urbanos permite asegurar un número suficiente de clientes; sin embargo, otros son básicos y públicos, y no se prestan por el coste que suponen. Prestar servicios en zonas rurales, de baja densidad, es caro, considerando el coste por persona atendida. El coste de los servicios públicos varía en función de los usuarios y de la superficie (se crean por capacidad de atención en un territorio, como es el caso en un hospital, por ejemplo), pero sólo se recupera en función de los usuarios (o pagan los contribuyentes), lo que hace que el mismo servicio sea un buen negocio en una ciudad densamente poblada, o una ruina en un espacio rural.

Esta es una reflexión relativamente reciente, pues durante siglos la presencia del Estado era una exigencia política indiscutible, como atestiguan muchas ruinas en lugares remotos de nuestro país, incluso considerando la distribución de la población en el pasado. Obviamente, si los criterios financieros actuales se hubieran tenido en cuenta secularmente, nuestro patrimonio histórico no sería lo mismo. Ahora bien, en el momento en el que ya no es una prioridad la mera presencia, y sin embargo si son importantes los factores financieros en la consideración de la actividad pública sobre el territorio, y justo cuando esa actividad tiene un componente de relación con los ciudadanos más intenso, ¿no cabrá plantearse una reformulación radical de nuestra presencia sobre el territorio? Desde esa perspectiva, ¿no sería mejor no tener medio rural?

La respuesta es no, no es buena idea deshacernos de él. Los servicios que presta el medio rural son similares a la naturaleza, y por ellos pagamos lo mismo (o sea, nada): desarrolla regulaciones de ecosistemas, de servicios ambientales, mantiene la biodiversidad, conserva recursos… y además nos da de comer. La regulación de ecosistemas se debe a milenios de interacción con el medio, configurando el paisaje agrario, y además esos milenios han permitido crear una amplia biodiversidad de especies con interés alimentario (que ahora se encuentra amenazada). Y por todo esto no pagamos nada, lo que no quiere decir que sea gratis. Vivimos desconectados de la Naturaleza y eso nos impide reconocer que nuestra vida depende de ella. Si abandonamos nuestros espacios rurales, aparte de otros males, empezaremos a pagar las facturas que hasta ahora hemos eludido.

La Unión Europea, así como muchos Estados, desarrolla políticas de apoyo al medio rural. En España, la ley de 2007 ha sentado las bases de una nueva visión, aunque es sólo un principio. En Terreno Conocido hemos trabajado en espacios rurales desde hace años: nuestro equipo ha planteando estrategias y proyectos en entornos muy diversos, asociando la conservación del territorio con la promoción de la actividad económica y la creación de empleo, e intentando materializar el concepto “sostenibilidad”.

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