Definición de documentos de estrategia territorial

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En Terreno Conocido hemos desarrollado documentos de estrategia territorial. A lo largo de nuestra vida profesional nos hemos visto ante diversos retos planteados por los diferentes espacios en los que teníamos que intervenir. No obstante, los propios territorios, que generan los problemas, también proporcionan las soluciones.

Los retos a los que nos enfrentamos necesitan que reflexionemos, antes, sobre el futuro que nos aguarda. Siempre se necesita un proceso de reflexión, y éste ha de permitir afrontar  la oportunidad que se nos presenta para la mejora del propio territorio y de las actividades que en él tienen lugar, con independencia de la escala de intervención.

Algo en lo que coincidimos en nuestro amplio repertorio de planificación es en la necesidad de establecer un adecuado marco de flexibilidad en la elaboración y desarrollo de un documento estratégico. La estrategia territorial ha de olvidarse de las rigideces observadas en los documentos de planificación territorial o urbanística desarrollados hasta la fecha en el ámbito español, ya que se trata de otro concepto, completamente diferente, si bien vinculado: los documentos urbanísticos deben ser la plasmación normativa, en su correspondiente ámbito de intervención, del previo y superior plan estratégico. Llegados a este punto, no debemos dejar de lado el papel que está teniendo en la actualidad la Unión Europea con las Estrategias Integradas de Desarrollo Urbano Sostenible, de aplicación para el nuevo período 2014-2020.

La gobernanza es relevante. El consenso y el apoyo que ésta significan han de estar adaptados a la realidad territorial y a la estructura institucional del territorio en el que se ha de desarrollar la planificación estratégica, de enfoque holístico e integral. Los diferentes niveles gubernamentales han de desempeñar varios roles en un sistema multiescalar de gobernanza con el fin de afrontar los retos. La estructura políticoadministrativa es rígida y no basta para afrontarlos, pero tampoco debe ser modificada, ya que el propio dinamismo de los retos y de las medidas que han de solventarlos han de conseguir ofrecer respuestas de manera flexible. Esta planificación estratégica a largo plazo conlleva, por tanto, la implicación de la comunidad en la previsión y en la concepción de visión. Se tiene que conseguir, pues, la movilización colectiva sobre los objetivos a largo plazo.

En este escrito vamos a centrar nuestro interés en algunos de los puntos más relevantes a la hora de afrontar documentos de estrategia territorial: la delimitación del ámbito de actuación, el establecimiento del diagnóstico de la situación del ámbito territorial, la definición de prioridades de actuación (derivados de los objetivos a largo plazo) y el establecimiento de unos indicadores de seguimiento y evaluación del propio plan estratégico.

La delimitación del ámbito de estrategia puede venir dada, en numerosos casos, por criterios administrativos, pero en no pocas ocasiones esta delimitación será un punto capital en el que los distintos agentes con capacidad de intervención harán valer sus propios intereses, que pueden no estar con coincidencia con los que necesite el propio territorio, incluyendo condicionantes, sean sociales o no derivados de la actividad humana.

El diagnóstico, holístico, transversal, tiene que conseguir identificar el modelo territorial existente. En el diagnóstico han de ser identificados y definidos los problemas y las necesidades del territorio en cuestión. Aquí el concepto clave es la jerarquía, ya que será la base para la generación de las prioridades de actuación.

Las prioridades de intervención sobre el modelo territorial existente suponen establecer una elección, desde la jerarquización de los retos que deben ser abordados. La estrategia general, con vistas a tener un modelo territorial futuro, tiene que derivarse del consenso garantizado con antelación, ya que sería gracias a esta fase de gobernanza cuando se hubiera establecido el fin último al que se aspira en ese territorio, que sesgaría, por consiguiente, la ponderación de los criterios de jerarquización de intervenciones. El conjunto de interrelaciones existente ha de conllevar la adopción de las opciones consideradas clave para la gestión estratégica integral del área.

Finalmente, el último de los puntos relevantes sobre planeamiento estratégico es la ejecución del programa estratégico. En Terreno Conocido hemos asistido en numerosas ocasiones a los problemas derivados de este apartado, bien como consultores, bien como gestores. Un buen conjunto de indicadores de evaluación y seguimiento se estima crucial para poder valorar el grado de consecución de los objetivos estratégicos. Estos indicadores pueden ser, tanto para el propio programa estratégico como para cada una de las actuaciones, programas o líneas derivados del documento de planificación estratégica. Obviamente, los tipos de indicador son diferentes, pero ambos deben ser compartidos por los actores participantes en la estrategia territorial, y ser seleccionados en función de su idoneidad frente a los fines a conseguir.

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