La necesidad de la fiscalidad ambiental

El objetivo de un nuevo modelo económico sostenible, esto es,  basado en la consideración del medio ambiente como el soporte esencial de la vida y la actividad presente y futura, pasa por promover proyectos y actitudes adecuadas entre todos los agentes, públicos y privados. De manera inevitable, eso va a exigir cambios en el componente más básico de la acción política pública: los impuestos.

En general el Cambio Global, y específicamente las cuestiones asociadas con el cambio climático, exigen una profunda revisión de los sistemas de incentivos, y eso solo se podrá hacer de manera efectiva en un marco fiscal que lo permita. Dicho de otra forma, habrá que plantearse seriamente una fiscalidad ambiental, junto con una reforma amplia del sistema en su conjunto.

Los impuestos no son populares, pero hay que reconocer que son el precio de la civilización. La frase es una interpretación de una cita de Oliver Wendell Holmes, y me parece acertada en todas sus dimensiones: una civilización que quiera ser sostenible tendrá que tener una fiscalidad en consonancia. Es relevante subrayar que estamos hablando de fiscalidad, de sistema fiscal, y no solo de impuestos (que solo son una parte de ese sistema).

La visión del sistema es importante, no se trata de poner impuestos y recargos, sino de revisar el funcionamiento del sistema y detectar las ineficiencias, y expongo a título ilustrativo un ejemplo. En la actualidad hay muchas políticas ambientales básicamente correctivas, derivadas del principio “quien contamina paga”, orientadas a la corrección de impactos. Estas son ineficientes, pues el coste de la corrección es por definición mayor que el de la prevención, y con unos resultados socioambientales siempre insatisfactorios. Una modificación de los incentivos que desanimara los comportamientos ambientalmente gravosos prevendría impactos, liberaría recursos destinados a la corrección y mejoraría la eficiencia global de la economía. Y lo que es mejor, no tendría que suponer necesariamente un aumento de la carga fiscal global. Cabe recordar que la eficiencia de una empresa no es la de la industria, ni mucho menos la del sistema, y si los precios no están dando la información correcta las empresas se harán eficientes en una dirección equivocada. Esto es a grandes rasgos lo que nos está pasando.

Dicho lo cual ¿por donde empezamos? Bien, la verdad es que nos vale cualquier nivel administrativo, siempre y cuando todos vayan en la misma dirección. Para el caso español, la fiscalidad local y regional tiene mucho que decir, pero ha de verse apoyada y fortalecida desde la Administración Central. Un ejemplo puede ser el IBI, que tiene gran potencial como “impuesto verde” sin necesidad de crearlo, y véanse algunas posibilidades: para el caso de las viviendas, podrían establecerse recargos en aquellas que no tengan personas empadronadas; como alternativa, podría incrementarse el impuesto y hacer deducible el mismo por la vivienda principal  en el IRPF para quienes estuvieran empadronados. Hay soluciones posibles en este esquema para no perjudicar a los negocios de alquiler de vivienda, actividad que además ha de ser fomentada.

Esto es sólo una pincelada. Lo importante es la reflexión técnica del procedimiento y, por encima de todo, la definición de objetivos…políticos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s