agricultura

Bajo los adoquines esta la huerta

¿Es posible la agricultura en la ciudad? Pues sí, es posible, aunque parezca difícil. Cabe reconocer que desde siempre ha habido pequeñas huertas en espacios urbanos, eso no es una novedad. Lo que sí lo es es la aparente pujanza de estas actividades. ¿es real o estamos asistiendo a una moda? ¿obedece esta dinámica a otras cuestiones? Desde la experiencia de quien esta lineas escribe podemos asegurar que no se trata de una moda, y desde luego hay causas subyacentes que deben ser examinadas.

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Las políticas económicas que se han venido aplicando en los últimos años han menguado seriamente la actividad económica. Si a eso le juntamos los restos del naufragio previo, nos encontramos con recursos sin uso, comunidades desarticuladas, espacios degradados y abandonados… y todo esto en un contexto en el que el valor de la cooperación y la sensibilidad social en torno a una economía no lucrativa, es creciente. En materia alimentaria, la conciencia sobre la necesidad de mayor salubridad esta convergiendo con la necesidad de reactivar las economías locales.

No es casualidad que en ciudades como Madrid haya un vigoroso movimiento de agricultura urbana, vinculado con otras actividades sociales y reivindicaciones vecinales. Cuanto más alejados estamos del punto de producción, más queremos saber qué ponemos en la mesa, más echamos en falta el vínculo con quien produce nuestros alimentos. Y además, mas conciencia tenemos de la necesidad de fortalecer nuestros vínculos sociales. La agricultura ha tejido relaciones durante milenios, y de hecho ha estructurado a nuestra sociedad de una forma tan profunda que doscientos años de industrialización no han conseguido romper las inercias culturales del campo.

En ciudades como Madrid, el principal resultado de los huertos urbanos son comunidades más cohesionadas. En ciudades más pequeñas, las propuestas y los resultados pueden ser otros, mas ambiciosos incluso. La necesidad de políticas locales de mitigación del cambio climático hace que las huertas periurbanas en ciudades medias y pequeñas sean una interesante opción como vía de maximizar la superficie con cubierta vegetal, además de los beneficios antes mencionados.

Una vía adicional es la experimentada en Azuqueca de Henares, que he tenido la ocasión de gestionar, donde además nos dirigimos, con el apoyo de la corporación municipal, a colectivos sociales que bordean la exclusión (como parados de larga duración, por ejemplo). Aquí el producto de la huerta es además un apoyo material real. Lo que desde luego hemos podido comprobar es que con muy poco es posible tener un impacto muy importante; solo hace falta una reflexión previa sobre objetivos y alcance, y articular vías de cooperación entre distintos colectivos y la administración local.

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