cambio climático

Adaptación al cambio climático

La primavera ha terminado este año de una forma un tanto abrupta, con una “ola de calor” que a muchos les ha parecido sorprendente. Lo cierto es que el verano climatológico lleva varias décadas adelantándose, como consecuencia del cambio climático, así que este fenómeno no debería ser sorprendente, sino más bien absolutamente previsible. Sucede además que tenemos muy mala memoria climática, pues el año pasado nos quejamos de un mes de mayo muy cálido y seco, así como de un verano eterno que redujo el otoño a su mínima expresión.

Es obvio que son un conjunto de síntomas del cambio climático que debemos empezar a incorporar ya al diseño de nuestras formas de vida. Porque más allá de los esfuerzos que se hagan en mitigación por evitar un agravamiento, y es mucho lo que se debe hacer, no debemos olvidar que ya hemos admitido un incremento de 1,5° C , y previsiblemente llegaremos a los 2° C. La retirada de Estados Unidos del tratado de París no introduce las mejores perspectivas en este terreno, con lo que no queda más remedio que poner el acento en la adaptación.

La adaptación es una política (o conjunto de políticas) con un fuerte componente local y regional, lo que no excluye a la administración central. Antes al contrario, y muy especialmente en nuestro caso, sería de desear un marco estratégico y financiero estatal, que apoyara las iniciativas locales y la innovación, y se preocupara de la equidad en la atención a los efectos negativos, pues es previsible que las consecuencias del cambio climático tensionen los mecanismos de igualdad de una forma que ahora mismo no podemos predecir. En el caso europeo, un enfoque de interpretación global de la misma sería deseable.

¿Y qué acciones incluyen las políticas de adaptación? Pues prácticamente cualquier cosa, porque toda nuestra forma de vida va a tener que cambiar como consecuencia del cambio climático, que sobre el terreno supone un cambio en las condiciones ecológicas de nuestro entorno. Hemos construido una sociedad sobre un ciclo ambiental que está siendo alterado, así que tendremos que replantearnos desde los calendarios escolares (con un veranos que cada vez empieza antes y termina más tarde) a los programas de vacunación (algunas enfermedades tropicales pueden hacerse habituales). El debate sobre los horarios y su racionalización, por ejemplo, debería ir un paso más allá del simple ajuste al meridiano correcto.

Es obvio que el diseño de nuestras ciudades debe ser revisado para permitir una vida razonablemente confortable, y probablemente tendremos que atrevernos a hacer una revisión profunda: mejorar el parque inmobiliario existente con aislamiento y medidas de eficiencia energética, o actuaciones de diseño urbano, puede no ser suficiente (eso va a depender de los diferentes territorios). Es posible que tengamos que plantearnos la remodelación completa de un barrio para mejorar su confortabilidad, su consumo de agua o de energía, etc., con lo que se hará necesario un enfoque integral de políticas sociales, territoriales, urbanísticas… y financieras. Y no sólo se trata de obras; los cambios culturales y de comportamiento son esenciales, porque la ciudadanía es parte de la solución. Desde TERRENO CONOCIDO podemos ayudar a concebir desde las grandes líneas a las pequeñas acciones, ayudando a construir una reflexión y un camino hacia un futuro más sostenible, y más adaptado al medio ambiente que estamos reconfigurando.

Anuncios

Normativas sobre el clima

Una de las cuestiones sobre las que se centra el actual debate en torno a las políticas sobre cambio climático es la necesidad y contenidos de una legislación al respecto, algo que en el pasado Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA) se abordó, como no podía ser de otra forma.

img_20161128_180041La ministra del ramo ha prometido sacar adelante una nacional, Andalucía y Cataluña están avanzando en sus respectivas legislaciones regionales sin ese marco, en Madrid se h a dado un paso atrás al detenerse la tramitación de una propuesta de ley, el País Vasco tuvo un intento que no fructificó… y entretanto, muchos ayuntamientos y otras administraciones locales elaboran planes y estrategias que incorporan la reflexión climática en sus propuestas. Este panorama, así como las consecuencias del Tratado de París de 2015, nos conducen a hacernos varias preguntas: ¿es necesaria la legislación en materia climática? Si lo es ¿a qué niveles? Y además  ¿a qué ámbitos debe afectar y cómo debe enfocarse?

Si damos un vistazo a lo que pasa en el mundo tendremos una respuesta bastante elocuente: 95 países tienen alguna clase de norma nacional sobre materia climática, y 58 de ellos tienen normativa marco estable. Además de ellos, hay 41 países con planes generales que definen objetivos concretos, especialmente en materia energética, que es sin duda el tema estrella en las normativas. Los especialistas aun están definiendo qué es el Derecho sobre Cambio Climático (o el Derecho Climático), pero lo cierto es que gobiernos de todas las ideologías ya están avanzando en este terreno. Por otra parte, países con altos niveles de descentralización tienen normas regionales, hasta el punto de que tampoco es novedosa la situación de legislaciones regionales sin un marco nacional de referencia. Obviamente, podemos seguir planteándonos las primeras dos preguntas, pero ahora mismo sólo tienen interés académico.

La que sí mantiene su pertinencia es la tercera. Lo que hemos aprendido de los modelos más destacados en Europa, básicamente Francia y Gran Bretaña, es la necesidad de marcar objetivos de medio y largo plazo ambiciosos, de aclarar el marco competencial y sentar las bases de la cooperación interadministrativa (que es fundamental), de establecer una institución científica independiente que informe a la Administración y al público y sentar unas bases financieras que incluyan aspectos fiscales. Y todo esto basado, dirigido e inspirado por la necesidad de dirigirse a y fomentar la participación pública. En TERRENO CONOCIDO te proveemos de los análisis y las herramientas de planificación y gestión que puedas necesitar para organizar una iniciativa climática, ya desde la iniciativa pública, ya desde la privada, y promoviendo mecanismos de cooperación. Es el momento de tomar medidas, incluso legales.

Pesimismo climático

En el pasado Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA), y como no podía ser de otra forma, el cambio climático y las políticas de mitigación y adaptación fueron, sin duda, las cuestiones que más atención suscitaron. Y digo atención, que no debate, porque pese a lo que los negacionistas proclaman, ya no hay apenas debate científico sobre esta cuestión. La discusión está ahora en la velocidad del cambio y la gravedad de las consecuencias. Y en realidad es a las ciencias sociales a las que les compete en gran medida la nueva reflexión, porque se trata de construir legislación, articular políticas sociales de calado internacional, modificar comportamientos y, sobre todo, diseñar un sistema económico mundial que realmente pueda llevar el adjetivo “sostenible”.

cop22Y si los negacionistas han tenido atención ha sido, sin duda, porque uno de ellos se ha convertido en la persona más poderosa del planeta. Qué duda cabe que, así como se convirtió en el gran protagonista en la sombra de la COP de Marrakech, también lo ha sido en el CONAMA, y lo cierto es que los nombramientos que viene realizando contribuyen a alimentar el pesimismo reinante. Es un serio revés a la implantación de políticas de mitigación, dado que los EEUU son el principal emisor per cápita del mundo, pero sigue siendo muy importante trabajar en generar una economía baja en carbono en todo el mundo. Todos los esfuerzos cuentan, y la conciencia de la ciudadanía norteamericana en ese tema ha ido progresando con bastante autonomía del poder federal. De hecho, algunos estados (California es un ejemplo clásico) tienen políticas al respecto desde hace tiempo. En todo caso, más allá de los postulados ideológicos, habrá que ver que ajuste hace el nuevo equipo a la realidad, y como encajan el muchas veces contradictorio mensaje de Trump con la situación real del país.

A otra escala de preocupación, por lo próximo, esta nuestro gobierno, que tras una primera legislatura calmitosa en materia ambiental y territorial está obligado a desarrollar una estrategia a largo plazo, y en concreto se comprometió a aprobar una ley de cambio climático. La primera consecuencia del anuncio, curiosamente, no ha sido precisamente positiva. En el parlamento regional de Madrid se empezaba a debatir un texto para una ley regional sobre cambio climático, y con la excusa de que habría una estatal el gobierno regional ha detenido su tramitación.

Es una muy mala noticia, porque la cumbre de París ya estableció la necesidad de una acción multinivel en los Estados firmantes, o dicho de otra forma, todas las Administraciones (nacionales, regionales y locales) han de ser corresponsables y crear sus instrumentos de política climática. Plantear políticas regionales y locales en esta materia es una necesidad. En TERRENO CONOCIDO te proveemos de los análisis y las herramientas de planificación y gestión que puedas necesitar para organizar una iniciativa climática, ya desde la iniciativa pública, ya desde la privada, y promoviendo mecanismos de cooperación. Es el momento de tomar medidas.

El día del desbordamiento

El “Earth Overshoot Day” es el día del año en el que la demanda anual de la humanidad sobre la naturaleza excede lo que la nuestro planeta puede regenerar durante ese año. El 8 de agosto de 2016 hemos alcanzado esa fecha; hemos emitido más CO2 a la atmósfera de lo que nuestros océanos y bosques pueden absorber, hemos agotado pesquerías y talado bosques más rápidamente de lo que pueden reproducirse y volver a crecer, consumimos más agua limpia de la que los ecosistemas pueden depurar,…

original_emisiones_co2La fecha fue establecida por la Global Footprint Network (Red Global de la Huella Ecológica), un centro de investigación en torno a la gestión de los recursos naturales y el cambio climático con sede en Oakland, California, EEUU, y pretende expresar de una forma bastante intuitiva lo que realmente estamos haciendo con nuestro planeta: vivir a crédito. En términos financieros, cuando llegamos al “Earth Overshoot Day“ hemos agotado nuestra asignación anual y empezamos a vivir del capital. Como herederos irresponsables, estamos consumiendo no solo el rendimiento, sino también el capital heredado. No he hecho una traducción de la expresión porque no hay una buena, pero  podríamos decir que es el “día de excederse con la Tierra”, o el “día en el que nos pasamos de la raya con la Tierra”. Una más neutra y técnica podría ser “día del desbordamiento”.

Partiendo de 1970, el primer Earth Overshoot Day fue el 24 de diciembre de 1971. En 1976 ya fue el 19 de Noviembre, con lo que en 6 años perdimos 40 días. En 1987 fue el 25 de Octubre, en 2001 el 26 de Septiembre, en 2005 el 29 de Agosto. Este año hemos acabado con nuestra “renta ecológica” 20 semanas antes de fin de año.

Las emisiones de carbono son uno de los mayores contribuyentes al desbordamiento, pero no el único. A pesar de la crítica situación, es posible cambiar las cosas con la actual tecnología, y convirtiendo esta necesidad en un enorme motor económico. El único combustible que necesitamos para ese motor es la voluntad, de los gobiernos y de los ciudadanos.

Cada vez son más los países que se embarcan en serios programas de promoción de las energías renovables, un componente esencial de un futuro más sostenible: Costa Rica, Portugal, Alemania, Gran Bretaña… El tema h saltado incluso al debate electoral en EEUU, donde la candidata Clinton quiere lanzar un programa de promoción de las renovables que sea un motor de actividad económica y empleo. China plantea un enfoque no sólo innovador, sino muy responsable: un plan para reducir el consumo de carne de sus ciudadanos en un 50%, lo que supondría reducir las emisiones de CO2 en aproximadamente un millón de toneladas con el horizonte de 2030.

Reducir la huella de carbono, o en general la huella ecológica, no es sólo cosa de los gobiernos nacionales. El acuerdo de París pone en su sitio a todos: es una responsabilidad ciudadana, de las empresas y del sector público, y todas las administraciones están involucradas. Y esto afecta, en un país como el nuestro, fuertemente descentralizado, a los niveles regional y local muy especialmente. Una buena práctica como la que contamos en otra entrada es un excelente ejemplo de acción climática y de promoción de una economía más sostenible. En TERRENO CONOCIDO te proveemos de los análisis y las herramientas de planificación y gestión que puedas necesitar para organizar una iniciativa climática local, ya desde la iniciativa pública, ya desde la privada, y promoviendo mecanismos de cooperación. Es el momento de tomar medidas y acciones audaces para que las metas de París sean una realidad alcanzable.

Bajo los adoquines esta la huerta

¿Es posible la agricultura en la ciudad? Pues sí, es posible, aunque parezca difícil. Cabe reconocer que desde siempre ha habido pequeñas huertas en espacios urbanos, eso no es una novedad. Lo que sí lo es es la aparente pujanza de estas actividades. ¿es real o estamos asistiendo a una moda? ¿obedece esta dinámica a otras cuestiones? Desde la experiencia de quien esta lineas escribe podemos asegurar que no se trata de una moda, y desde luego hay causas subyacentes que deben ser examinadas.

IMG_20151007_111305734

Las políticas económicas que se han venido aplicando en los últimos años han menguado seriamente la actividad económica. Si a eso le juntamos los restos del naufragio previo, nos encontramos con recursos sin uso, comunidades desarticuladas, espacios degradados y abandonados… y todo esto en un contexto en el que el valor de la cooperación y la sensibilidad social en torno a una economía no lucrativa, es creciente. En materia alimentaria, la conciencia sobre la necesidad de mayor salubridad esta convergiendo con la necesidad de reactivar las economías locales.

No es casualidad que en ciudades como Madrid haya un vigoroso movimiento de agricultura urbana, vinculado con otras actividades sociales y reivindicaciones vecinales. Cuanto más alejados estamos del punto de producción, más queremos saber qué ponemos en la mesa, más echamos en falta el vínculo con quien produce nuestros alimentos. Y además, mas conciencia tenemos de la necesidad de fortalecer nuestros vínculos sociales. La agricultura ha tejido relaciones durante milenios, y de hecho ha estructurado a nuestra sociedad de una forma tan profunda que doscientos años de industrialización no han conseguido romper las inercias culturales del campo.

En ciudades como Madrid, el principal resultado de los huertos urbanos son comunidades más cohesionadas. En ciudades más pequeñas, las propuestas y los resultados pueden ser otros, mas ambiciosos incluso. La necesidad de políticas locales de mitigación del cambio climático hace que las huertas periurbanas en ciudades medias y pequeñas sean una interesante opción como vía de maximizar la superficie con cubierta vegetal, además de los beneficios antes mencionados.

Una vía adicional es la experimentada en Azuqueca de Henares, que he tenido la ocasión de gestionar, donde además nos dirigimos, con el apoyo de la corporación municipal, a colectivos sociales que bordean la exclusión (como parados de larga duración, por ejemplo). Aquí el producto de la huerta es además un apoyo material real. Lo que desde luego hemos podido comprobar es que con muy poco es posible tener un impacto muy importante; solo hace falta una reflexión previa sobre objetivos y alcance, y articular vías de cooperación entre distintos colectivos y la administración local.

Después de París

Para muchos movimientos ecologistas, la Conferencia de la Partes del Convenio de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, celebrada en París el pasado mes de diciembre, ha tenido bastante de frustración: no es un acuerdo jurídicamente vinculante, no hay objetivos concretos ni compromisos contrastables, queda abierta la puerta a la magia contable y a las ilusiones tecnológicas (como la captura de carbono o la geoingeniería), no se habla de la descarbonización de la economía global como objetivo,… todo lo cual era importante, pero a la vez generaba numerosos escollos para una aprobación global, bien desde ciertos países, bien desde ciertos intereses empresariales.

Afortunadamente, hay muchas cosas que nos permiten sostener que el resultado ha sido positivo. Para empezar hay que destacar el papel de la diplomacia francesa, que decidió que París debía ser un hito, y no una gran decepción como en el caso de Copenhague. Hemos de reconocer que el esfuerzo diplomático faltó en otras cumbres, y en este caso ha sido un activo importante, pues se trataba de cerrar un gran acuerdo internacional que implicara a 195 países. De hecho, es el primer acuerdo realmente global sobre clima.

Todos los países firmantes reconocen que el cambio climático es un problema real, creado por la acción humana y que requiere una acción global, todos reconocen que no deberían superarse los 1,5 a 2 grados de incremento en la temperatura media, y todos reconocen que ya hay consecuencias y que habrá más (y lo que esto implica en el ámbito internacional). Que duda cabe que estos deberían haber sido los resultados de Copenhague en 2009, pero sin dar este paso no se podría dar ningún otro.

El acuerdo de París marca otro hito relevante: se establece la necesidad de una gobernanza global en materia climática, y se reconoce el necesario papel de los niveles regional y local en materia de adaptación y mitigación. De nuevo, nada que no este claro en un ámbito técnico, pero en España la mayoría de administraciones han venido eludiendo el coste que implican las actuaciones en este ámbito. Ya no hay excusas: todos estamos involucrados. Ahora se trata de desarrollar políticas y proyectos no solo en el terreno de la mitigación, sino también en la adaptación.

La península ibérica es una de las áreas de Europa que se perfilan como más vulnerables a los efectos del cambio previsible, por lo que urge la adopción de estrategias y su implementación efectiva. En Terreno Conocido concebimos, proponemos y colaboramos con iniciativas multifuncionales, que permitan además crear las bases de un cambio profundo en nuestro modelo social, cultural, económico y territorial, ámbitos en los que el Cambio Climático está requiriendo que modifiquemos nuestro modo de vida.

La escala local y el cambio climático

Se acerca la COP de París, la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 (COP21/CMP11), también llamada «París 2015». Se celebrará del 30 de noviembre al 11 de diciembre, y debería desembocar en un nuevo acuerdo internacional sobre el clima aplicable a todos los países, con el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC.

cop21

Dicho de otra forma, la Conferencia da por hecho que hemos fracasado en mantener el clima en parámetros aceptables y nos ponemos como horizonte no superar un incremento medio de 2ºC, que es la frontera entre lo que podemos prever y lo que no. Es posible que esta forma de expresarlo sea más cruda, pero lo cierto es que se hace cada vez más evidente la necesidad de acciones inmediatas en el contexto de estrategias de mitigación y adaptación al Cambio Climático realmente eficaces, que dejen a un lado ensoñaciones de todo tipo.

Hay que ser así de tajantes porque desde que se firmó el protocolo de Kioto allá por 1997 estamos “dejando para más adelante” las decisiones difíciles y los cambios, y el tiempo pasa. Entonces hablábamos de un futuro lejano, y se proponían cambios graduales. Hoy el futuro ya no es lejano, y los cambios van a tener que ser duros y rápidos, y para unos cuantos puede que dolorosos.

Puestos ya al trabajo… ¿Han de ser estas estrategias sólo nacionales? ¿son cosa sólo de los gobiernos o las estructuras internacionales? Si consideramos el fuerte impacto que tienen ciertas decisiones locales y regionales, es evidente que no. Las escalas locales son además relevantes para algunos cambios culturales que han de producirse, porque el cambio climático es una consecuencia de un modelo socioeconómico del que todos somos en parte responsables y beneficiarios. Afrontar el desafío nos exige un cierto cambio personal. Por otra parte, algunas (muchas) cosas deben ser reguladas a escala nacional o internacional. Sin embargo, hay decisiones que permanecen en las escalas local y regional.

La estructura de nuestras ciudades y pueblos, el modelo de movilidad que se efectué en ellos, cómo se organiza la actividad comercial, cómo se construyen las viviendas, cómo se gestionan los residuos, como se organiza el ciclo del agua… son algunas cuestiones, entre muchas otras, con repercusiones en la emisión de CO2. Y en esos terrenos las administraciones locales y regionales tienen mucho que decir.

Las estrategias territoriales implementadas desde una administración regional pueden favorecer la concentración y redensificación urbana, la prestación de servicios a las zonas rurales, el fortalecimiento del transporte colectivo… acciones que repercuten en menores emisiones. Desde una administración local, incluso la más pequeña, plantear una estrategia de desarrollo local que contemple la sostenibilidad de la actividad económica es un primer paso para apoyar actividades económicas ambientalmente responsables. Podríamos seguir con el planeamiento municipal, las ordenanzas de residuos o suministros,… Empezando por esa estrategia, en Terreno Conocido trabajamos en concebir, diseñar y poner en marcha estrategias que mejoren las economías locales y contribuyan a mitigar y adaptarnos al cambio climático.

Todos los esfuerzos son necesarios para la mitigación y la adaptación. Hay que adaptarse , porque de hecho ya hemos asumido un cambio climático que supone un incremento de dos grados más sobre las temperaturas planetarias medias. Y el esfuerzo de mitigación es imprescindible para que esa cifra no siga subiendo.