economía

De la turistificación, o cuando el turismo deja de ser maravilloso

La turistificación ha sido el tema social del verano, tal vez del año. Las acciones “antiturismo” de algunas personas, que en Barcelona han llegado a superar ciertos umbrales  debido a la situación creada por otras cuestiones, son una expresión del hartazgo ciudadano ante la evidencia de que se han rebasado ciertos límites y no parece haber respuestas positivas desde el sector público encaminadas a su control… o al menos desde el gobierno.

La turistificación es un proceso similar, aunque no idéntico, a la gentrificación, otra palabra que también ha tenido difusión recientemente. En ambos casos, se trata de procesos en los que un área de la ciudad se transforma desde unos ciertos usos a otros, lo que termina transformando al propio vecindario. Para el caso que nos ocupa, las áreas urbanas que poseen atractivo turístico son espacios interesantes para la localización de ciertas actividades económicas. Si ese proceso entra en una espiral de crecimiento sin control, que es lo que está sucediendo en algunas áreas, la actividad turística empieza a “devorar” el espacio urbano, y aunque esto parece evidente, creo que merece la pena dedicar unas palabras a su explicación.

Las actividades económicas dirigidas al turismo implican ofrecer bienes y servicios a personas que van a estar recorriendo el territorio durante un espacio de tiempo limitado; así pues, incluyen desplazamientos, alojamientos, manutención, comunicaciones, ocio, compras… En una fase inicial supondrán un incremento en la demanda de las empresas locales, razón por la cual el turismo es un gran activador de las economías locales pequeñas, y por eso está en el manual de las políticas locales de cualquier opción política. En una segunda fase, si la demanda sigue creciendo, el desarrollo del turismo supondrá la apertura de nuevos negocios, dirigidos ya en exclusiva a los visitantes, y a demandar empleo especializado, con lo que el sector empezará a tener vida propia.

Si la demanda continua creciendo a lo largo del tiempo entramos en una tercera fase, en el que las actividades turísticas especializadas empezaran a desplazar a las no turísticas, dado que los turistas pueden soportar precios más altos que los residentes. Así, los precios de los alquileres suben y los comerciantes habituales no pueden asumirlos, de forma que empiezan a configurarse espacios claramente identificables como “turísticos”. En el mercado de trabajo se dejará sentir la estacionalidad: cuando vienen los turistas crece el empleo, y cuando se van los empleos desaparecen. Esto puede tener indeseables consecuencias sobre el sistema educativo, por ejemplo, fomentando un abandono temprano de los estudios.

Si el proceso no se para, los establecimientos dirigidos solo a residentes desaparecerán como consecuencia de la presión ya descrita, las tensiones sobre el mercado de trabajo y la presión se trasladará a los residentes. Se alterarán los mecanismos de formación de precios en todos los mercados, y en especial en el inmobiliario. En él se acentuarán las salidas de residentes, que no se verán compensadas, lo que tiene consecuencias en el mercado de trabajo y, a la larga, en todo el sistema productivo. A esto ahora se añade la explosión de los pisos turísticos gestionados por plataformas on line.

Y hasta aquí ninguna novedad, nada que no hayamos visto en multitud de lugares en España desde hace ya tiempo, porque podríamos hablar de la imposibilidad de conseguir una vivienda para residir en Ibiza, por ejemplo, que se traduce en problemas para ocupar puestos temporales en la isla (médicos, jueces, maestros,…), y que a la larga terminará afectando a la población local. Tampoco es nuevo este fenómeno en las grandes ciudades, porque lleva siendo un problema desde hace bastante en zonas de Madrid o Barcelona. Lo relevante, la novedad, está en que, ante la dejadez de la Administración, los vecinos han empezado a reaccionar.

Desde una cierta visión podría entenderse que no hay por qué hacer nada (la vieja idea de que el mercado se regulará), pero esto nos conduce a dejar barrios enteros de la ciudad sobreespecializados, sin residentes (o sea, sin vida) y vulnerables a un cambio de modas o al agotamiento, algo nada deseable precisamente en nuestros centros históricos. Y lo triste es que esto ya ha sucedido en bastantes lugares; no hay que recurrir a la especulación, sino a la observación, para rechazar este argumento: muchas zonas rurales y espacios costeros son ya meros escenarios sin vida.

El turismo ha sido una gran fuente de riqueza en España, y no sólo económica. Para que lo siga siendo vamos a tener que reflexionar que actividad queremos tener, que implicaciones va a tener para los vecinos, y cómo se distribuyen los costes y los ingresos. Son cuestiones que afectan a todos los niveles de la administración (local, regional y estatal) y que supera el límite de una simple actividad económica: los ciudadanos han de participar. La ausencia de voz de la ciudadanía es la que ha conducido a reacciones violentas que hay que condenar, y si de verdad se quiere que acaben no quedará más remedio que crear instrumentos de participación.

Anuncios

Una visión de la economía colaborativa

La “economía colaborativa” es uno de esos conceptos que últimamente llena espacios informativos, algunas veces para bien, otras como una especie de amenaza encubierta a las actividades económicas convencionales. En un caso u otro, parece que se ha puesto de moda, por lo que hay motivos para preocuparse… Esta preocupación se debe a que por lo general tiende a encajarse en esa denominación a cualquier actividad a la que no pueda ponerse otra etiqueta. Y como estamos en pleno proceso de cambio estructural, y están apareciendo muchas actividades nuevas, parece ser que esa es la norma.

Tal vez deberíamos empezar por definir con precisión qué es “economía colaborativa”, y probablemente eso terminaremos haciéndolo a través de una ley. Y sé que al decir esto, mucho de los defensores y muchos de los detractores de estas actividades dirán que es exagerado, pero tal vez deberíamos tener algo de visión estratégica. Ahora no es un fenómeno cuantitativamente muy importante, pero no deja de crecer, y en la medida en la que responde a un cierto sentir de una parte de la ciudadanía, que busca una nueva forma de relacionarse económicamente, deberíamos intentar que no sea una tapadera de la economía sumergida o de modelos económicos que pretenden lucro degradando las condiciones de trabajo y la calidad del producto, como es el caso de Uber.

Quienes abogan por modelos colaborativos proponen un acercamiento al consumo basado en la moderación, en emplear lo necesario, suelen tener planteamientos locales (proximidad), y la remuneración por uso se basa en el principio de compensar el coste operativo y el desgaste. Es importante subrayar el componente local, la relación directa entre quien ofrece y quien demanda, y que se rechaza de plano la búsqueda del beneficio. Quienes se acercan a este modelo ofrecen algo que no está en el mercado para cubrir necesidades que no satisface el mercado, al menos al nivel al que se demandan. Con esta filosofía se han puesto en marcha bancos de tiempo o monedas sociales, y con el desarrollo de las aplicaciones para dispositivos móviles las posibilidades de relación persona a persona han crecido espectacularmente.

Conforme el fenómeno gane en dimensión se hará más necesario establecer una definición precisa de cuando una actividad tiene estas características, y que obligaciones comporta. Esto último afecta a oferente y demandante, como puede suponerse, pues es evidente que un “producto colaborativo” no puede ser igual que uno “comercial”. Obviamente, al adquirir un producto comercial estamos pagando también por una serie de estructuras reguladoras (seguros, garantías, controles) y estamos remunerando un trabajo realizado. ¿Cómo trasponer eso a la nueva situación?

Esta reflexión y otras más hay que hacerlas ahora, cuando el volumen de operaciones es aun manejable, y de una manera participada, para llegar a un modelo que articule a la economía colaborativa con la convencional. No es necesariamente utópico, porque ambas pueden ser complementarias, y en las escalas locales esta complementariedad puede tener una incidencia muy positiva. Desde una perspectiva local, la colaboración entre economía convencional y colaborativa es posible, y desde TERRENO CONOCIDO podemos ayudar a establecer puentes que terminen beneficiando a toda la comunidad.

El día del desbordamiento

El “Earth Overshoot Day” es el día del año en el que la demanda anual de la humanidad sobre la naturaleza excede lo que la nuestro planeta puede regenerar durante ese año. El 8 de agosto de 2016 hemos alcanzado esa fecha; hemos emitido más CO2 a la atmósfera de lo que nuestros océanos y bosques pueden absorber, hemos agotado pesquerías y talado bosques más rápidamente de lo que pueden reproducirse y volver a crecer, consumimos más agua limpia de la que los ecosistemas pueden depurar,…

original_emisiones_co2La fecha fue establecida por la Global Footprint Network (Red Global de la Huella Ecológica), un centro de investigación en torno a la gestión de los recursos naturales y el cambio climático con sede en Oakland, California, EEUU, y pretende expresar de una forma bastante intuitiva lo que realmente estamos haciendo con nuestro planeta: vivir a crédito. En términos financieros, cuando llegamos al “Earth Overshoot Day“ hemos agotado nuestra asignación anual y empezamos a vivir del capital. Como herederos irresponsables, estamos consumiendo no solo el rendimiento, sino también el capital heredado. No he hecho una traducción de la expresión porque no hay una buena, pero  podríamos decir que es el “día de excederse con la Tierra”, o el “día en el que nos pasamos de la raya con la Tierra”. Una más neutra y técnica podría ser “día del desbordamiento”.

Partiendo de 1970, el primer Earth Overshoot Day fue el 24 de diciembre de 1971. En 1976 ya fue el 19 de Noviembre, con lo que en 6 años perdimos 40 días. En 1987 fue el 25 de Octubre, en 2001 el 26 de Septiembre, en 2005 el 29 de Agosto. Este año hemos acabado con nuestra “renta ecológica” 20 semanas antes de fin de año.

Las emisiones de carbono son uno de los mayores contribuyentes al desbordamiento, pero no el único. A pesar de la crítica situación, es posible cambiar las cosas con la actual tecnología, y convirtiendo esta necesidad en un enorme motor económico. El único combustible que necesitamos para ese motor es la voluntad, de los gobiernos y de los ciudadanos.

Cada vez son más los países que se embarcan en serios programas de promoción de las energías renovables, un componente esencial de un futuro más sostenible: Costa Rica, Portugal, Alemania, Gran Bretaña… El tema h saltado incluso al debate electoral en EEUU, donde la candidata Clinton quiere lanzar un programa de promoción de las renovables que sea un motor de actividad económica y empleo. China plantea un enfoque no sólo innovador, sino muy responsable: un plan para reducir el consumo de carne de sus ciudadanos en un 50%, lo que supondría reducir las emisiones de CO2 en aproximadamente un millón de toneladas con el horizonte de 2030.

Reducir la huella de carbono, o en general la huella ecológica, no es sólo cosa de los gobiernos nacionales. El acuerdo de París pone en su sitio a todos: es una responsabilidad ciudadana, de las empresas y del sector público, y todas las administraciones están involucradas. Y esto afecta, en un país como el nuestro, fuertemente descentralizado, a los niveles regional y local muy especialmente. Una buena práctica como la que contamos en otra entrada es un excelente ejemplo de acción climática y de promoción de una economía más sostenible. En TERRENO CONOCIDO te proveemos de los análisis y las herramientas de planificación y gestión que puedas necesitar para organizar una iniciativa climática local, ya desde la iniciativa pública, ya desde la privada, y promoviendo mecanismos de cooperación. Es el momento de tomar medidas y acciones audaces para que las metas de París sean una realidad alcanzable.

Después de París

Para muchos movimientos ecologistas, la Conferencia de la Partes del Convenio de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, celebrada en París el pasado mes de diciembre, ha tenido bastante de frustración: no es un acuerdo jurídicamente vinculante, no hay objetivos concretos ni compromisos contrastables, queda abierta la puerta a la magia contable y a las ilusiones tecnológicas (como la captura de carbono o la geoingeniería), no se habla de la descarbonización de la economía global como objetivo,… todo lo cual era importante, pero a la vez generaba numerosos escollos para una aprobación global, bien desde ciertos países, bien desde ciertos intereses empresariales.

Afortunadamente, hay muchas cosas que nos permiten sostener que el resultado ha sido positivo. Para empezar hay que destacar el papel de la diplomacia francesa, que decidió que París debía ser un hito, y no una gran decepción como en el caso de Copenhague. Hemos de reconocer que el esfuerzo diplomático faltó en otras cumbres, y en este caso ha sido un activo importante, pues se trataba de cerrar un gran acuerdo internacional que implicara a 195 países. De hecho, es el primer acuerdo realmente global sobre clima.

Todos los países firmantes reconocen que el cambio climático es un problema real, creado por la acción humana y que requiere una acción global, todos reconocen que no deberían superarse los 1,5 a 2 grados de incremento en la temperatura media, y todos reconocen que ya hay consecuencias y que habrá más (y lo que esto implica en el ámbito internacional). Que duda cabe que estos deberían haber sido los resultados de Copenhague en 2009, pero sin dar este paso no se podría dar ningún otro.

El acuerdo de París marca otro hito relevante: se establece la necesidad de una gobernanza global en materia climática, y se reconoce el necesario papel de los niveles regional y local en materia de adaptación y mitigación. De nuevo, nada que no este claro en un ámbito técnico, pero en España la mayoría de administraciones han venido eludiendo el coste que implican las actuaciones en este ámbito. Ya no hay excusas: todos estamos involucrados. Ahora se trata de desarrollar políticas y proyectos no solo en el terreno de la mitigación, sino también en la adaptación.

La península ibérica es una de las áreas de Europa que se perfilan como más vulnerables a los efectos del cambio previsible, por lo que urge la adopción de estrategias y su implementación efectiva. En Terreno Conocido concebimos, proponemos y colaboramos con iniciativas multifuncionales, que permitan además crear las bases de un cambio profundo en nuestro modelo social, cultural, económico y territorial, ámbitos en los que el Cambio Climático está requiriendo que modifiquemos nuestro modo de vida.

La escala local y el cambio climático

Se acerca la COP de París, la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 (COP21/CMP11), también llamada «París 2015». Se celebrará del 30 de noviembre al 11 de diciembre, y debería desembocar en un nuevo acuerdo internacional sobre el clima aplicable a todos los países, con el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC.

cop21

Dicho de otra forma, la Conferencia da por hecho que hemos fracasado en mantener el clima en parámetros aceptables y nos ponemos como horizonte no superar un incremento medio de 2ºC, que es la frontera entre lo que podemos prever y lo que no. Es posible que esta forma de expresarlo sea más cruda, pero lo cierto es que se hace cada vez más evidente la necesidad de acciones inmediatas en el contexto de estrategias de mitigación y adaptación al Cambio Climático realmente eficaces, que dejen a un lado ensoñaciones de todo tipo.

Hay que ser así de tajantes porque desde que se firmó el protocolo de Kioto allá por 1997 estamos “dejando para más adelante” las decisiones difíciles y los cambios, y el tiempo pasa. Entonces hablábamos de un futuro lejano, y se proponían cambios graduales. Hoy el futuro ya no es lejano, y los cambios van a tener que ser duros y rápidos, y para unos cuantos puede que dolorosos.

Puestos ya al trabajo… ¿Han de ser estas estrategias sólo nacionales? ¿son cosa sólo de los gobiernos o las estructuras internacionales? Si consideramos el fuerte impacto que tienen ciertas decisiones locales y regionales, es evidente que no. Las escalas locales son además relevantes para algunos cambios culturales que han de producirse, porque el cambio climático es una consecuencia de un modelo socioeconómico del que todos somos en parte responsables y beneficiarios. Afrontar el desafío nos exige un cierto cambio personal. Por otra parte, algunas (muchas) cosas deben ser reguladas a escala nacional o internacional. Sin embargo, hay decisiones que permanecen en las escalas local y regional.

La estructura de nuestras ciudades y pueblos, el modelo de movilidad que se efectué en ellos, cómo se organiza la actividad comercial, cómo se construyen las viviendas, cómo se gestionan los residuos, como se organiza el ciclo del agua… son algunas cuestiones, entre muchas otras, con repercusiones en la emisión de CO2. Y en esos terrenos las administraciones locales y regionales tienen mucho que decir.

Las estrategias territoriales implementadas desde una administración regional pueden favorecer la concentración y redensificación urbana, la prestación de servicios a las zonas rurales, el fortalecimiento del transporte colectivo… acciones que repercuten en menores emisiones. Desde una administración local, incluso la más pequeña, plantear una estrategia de desarrollo local que contemple la sostenibilidad de la actividad económica es un primer paso para apoyar actividades económicas ambientalmente responsables. Podríamos seguir con el planeamiento municipal, las ordenanzas de residuos o suministros,… Empezando por esa estrategia, en Terreno Conocido trabajamos en concebir, diseñar y poner en marcha estrategias que mejoren las economías locales y contribuyan a mitigar y adaptarnos al cambio climático.

Todos los esfuerzos son necesarios para la mitigación y la adaptación. Hay que adaptarse , porque de hecho ya hemos asumido un cambio climático que supone un incremento de dos grados más sobre las temperaturas planetarias medias. Y el esfuerzo de mitigación es imprescindible para que esa cifra no siga subiendo.

Ciudad y comercio

tienda singularLa actividad comercial responde a una necesidad de la ciudadanía, y es además uno de los ejes de preocupación estratégica que todo gestor de políticas territoriales ha de tener siempre presente. Como actividad económica, el comercio puede desarrollarse en distintos espacios, pero hay una conexión entre el espacio, los consumidores y el comercio. Cada decisión de implantación implica un pequeño cambio en la morfología urbana, por lo que una política urbanístico-comercial es necesaria para crear ciudad al tiempo que se abren oportunidades de negocio. Como consecuencia, se puede leer la ciudad desde la perspectiva de sus posibilidades comerciales.

(más…)

La necesidad de la fiscalidad ambiental

El objetivo de un nuevo modelo económico sostenible, esto es,  basado en la consideración del medio ambiente como el soporte esencial de la vida y la actividad presente y futura, pasa por promover proyectos y actitudes adecuadas entre todos los agentes, públicos y privados. De manera inevitable, eso va a exigir cambios en el componente más básico de la acción política pública: los impuestos.

(más…)

Conocer para actuar

pibEs difícil, por no decir imposible, poder plantear actuaciones y políticas sin un conocimiento adecuado del medio sobre el que se trabaja. Cualquier proyecto ha de partir de la premisa de analizar y diagnosticar, y previamente hay que obtener información. Esto puede valer como reflexión para cualquier aspecto técnico o político, pero quiero referirme a la economía, sea esta nacional, regional o local. (más…)

Una economía más ecológica

El Secretario General de Naciones Unidas presentó, poco antes de la apertura de la cumbre de Rio+20 en junio de 2012, el informe “Resilient Planet, Resilient People“, un interesante análisis del estado de las cuestiones del desarrollo sostenible a cuenta no solo del evento en el que se presentaba, sino de los 25 años del “informe Bruntland“. El informe reconoce que los avances hacia el desarrollo sostenible han sido muy escasos, y de hecho recopila un gran número de análisis y conclusiones ya presentes en numerosos documentos de la comunidad científica internacional en los últimos años. La pregunta es, sin duda, por qué. (más…)